sábado, 3 de mayo de 2008


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Caminábamos juntos. Recuerdo que entre pasos cortos nos tomamos de la mano y algunas veces hasta cruzábamos nuestras miradas regalándonos una sonrisa tenue, ligera y nerviosa. Hablábamos tonteras, estupideces como siempre acostumbrábamos; desde que estábamos juntos, hace dos años y nueve meses. Parecíamos dos pequeños niños jugando. Por momentos me enojaba y detenía el paso, tú corrías hacia mí. Corrías, me abrazabas, me besabas y me hacías continuar a tu lado. La gente que a veces pasaba a nuestro lado nos miraba; “que felices se ven”, debieron pensar. Sí, que felices.
Estábamos a punto de cruzar; de hecho cruzamos la calle. Yo me moleste, me quede atrás esperando como siempre que volvieras en mi encuentro. Cuando después de unos segundos notaste mi ausencia, te devolviste caminando, sin pensar en nada, sólo en mi. En fin eso era todo lo que quería; que sólo importará yo. Cerré los ojos y tape mis oídos mientras esperaba tu llegada. Cuando los volví a abrir por causa del maldito estruendo que tanto me asusto, te vi en el suelo, tirado, a tu lado había un inmenso charco de sangre y un señor con cara de susto arriba del auto que mato tus sueños y los míos.


Si, ahora que lo pienso, eso fue todo lo que vi.



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